sábado, 17 de octubre de 2026

Descarte

 

Cualquier decisión implica un rechazo. Desde lo más tonto, elegir un pantalón o un modelo de gafas, a lo más trascendente. Cada elección conlleva dejar de lado lo que podríamos haber hecho nuestro. Ahora que ha acabado el verano (al menos el meteorológico) mucha gente aprovecha para elegir qué tipo de ejercicio hacer, qué extraescolar añadir a su tiempo libre o al de sus hijos. No es tan banal. Nos pasamos la vida eligiendo, construimos así nuestra identidad, con elecciones más o menos importantes que acabarán conformando quiénes somos y cómo nos va. En “La insoportable levedad del ser”, escribe Kundera que “No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las elecciones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo”. Pero la duda de lo que queda atrás, persiste a veces como una sombra. Pude no haber dejado tan pronto el instituto; quizás no debí escoger esta carrera universitaria solo pensando en las salidas; tal vez no elegí a la persona adecuada para compartir mi vida o no debí dar la razón a esta amiga frente a aquella otra cuando discutieron.

Esta semana he hablado con varias personas que tratan de reconducir sus días construidos hasta ahora en base a un descarte que no funcionó. Tienen en común que son bastante jóvenes y que han decidido no prolongar las consecuencias de una decisión que ahora creen equivocada. Una médico que dejó el ejercicio de la medicina para dar charlas formativas; un artista que ya no soporta ser administrativo; un atleta que renuncia a la estabilidad que le da su trabajo de vigilante de seguridad; un ingeniero que solo disfruta cuando toca la batería.

Entre los jubilados, conscientes de que queda menos, observo  con qué cuidado se elige a qué dedicar el recién estrenado tiempo libre. Es importante agarrarse a la última oportunidad de hacer lo que hasta ahora no se había considerado lo bastante importante como para dedicarle una vida. Pero quizás lo mío era cantar, bailar, escribir, pintar… Porque en nuestras vidas utilitarias, hay que tener mucha seguridad y valentía para tomar el arte como la primera opción.

No hay comentarios:

Publicar un comentario