sábado, 19 de mayo de 2018

Pérdidas

 Una generación comparte una educación similar, un influjo cultural y social semejante; adopta una actitud, un pensamiento más o menos común; tiene su banda sonora, canciones que se convierten en himno, que ponen el vello de punta aunque a veces solo se reconozca en privado. Una generación tiene sus mitos, sus héroes, sus miedos e incluso sus sonrojos. Para una generación, la mía, Antonio Mercero, recientemente fallecido, puso imágenes a todo eso. Coincide esta muerte de Mercero con la retirada de las cabinas de Madrid. En realidad, ya habían desaparecido de casi todos los espacios públicos y, con ellas, el miedo a quedarnos encerrados dentro, aunque me temo que no el miedo a la incomunicación y la soledad. Ahora cuesta recordar que hubo un momento en que contactar con los que estaban lejos dependía de tener monedas, de encontrar una cabina telefónica que funcionara, de superar la inquietud de ciertas zonas solitarias y, gracias a Mercero, de poder hablar por teléfono mientras se mantenía un pie en la rendija de la puerta impidiendo que se cerrara. Aun sabiendo que sonará a abuela Cebolleta, tengo que decir que, aunque me parece que fue ayer, cuando yo llegué con mi reciente destino a Cádiz, todavía tenía que salir de noche, azotada por el Levante, a un solitario Paseo Marítimo en la capital para llamar a casa. Mi generación ha surgido del costumbrismo en blanco y negro de Crónicas de un pueblo, ha pasado por la adolescencia idealista y algo ñoña de Verano azul y se ha chocado contra la claustrofobia y el terror de La cabina. Ahora ha muerto uno de los directores que mejor ha retratado nuestros cambios. Se ha ido perdido en la crueldad del Alzheimer, como tantos otros, pero nos ha dejado el testimonio de lo que fuimos, de lo que creímos y temimos, nos ha dejado imágenes que nos reconocen como generación, con nuestro terror a las cabinas. No solo la muerte de nuestros mayores nos deja huérfanos, también lo hace la muerte de quiénes pusieron música, imágenes y voz a nuestra infancia.

sábado, 5 de mayo de 2018

Después de feria

Todavía cansada tras la feria, se me apelotonan las luces y sombras de estos días. Anoto en el “haber” el disfrute de las fiestas, la oportunidad de saludar a tanta gente, de hacerlo entre risas y brindis, de repetir una vez más el rito del reencuentro en la plaza pública. He agradecido también el tiempo fresquito que invita a bailar y pasear sin agobio. Me ha gustado asimismo la decisión de encargar el pregón a la periodista Teresa Almendros, que salió más que airosa con su “Crónica de una periodista feriante”.
Pero me traigo también algunos sinsabores que no puedo dejar de comentar. En lo personal, me ha faltado el reencuentro con algunos amigos que no han podido estar este año. Me apena también que el sábado cayera un chaparrón que deslució y dejó el reciento tiritando, ¡pobres caseteros con el enorme esfuerzo que hacen para optimizar estos días! De igual manera, me desagradó enormemente que al día siguiente del pregón, un texto anónimo muy mal escrito lo criticara porque, según él, no era portuense. Dudo mucho de que el redactor de tan desastroso texto haya escuchado el pregón de verdad, de otro modo no se entiende su comentario. Su lectura me dejó un sinsabor que empeoró cuando el jueves por la noche, ya de retirada, no encontré mi coche. Estaba aparcado como muchos otros, no estorbaba el paso a nada ni a nadie, pero no solo se lo había llevado la grúa sino que, además, nos pusieron una multa sencillamente desorbitada. En el “debe” de la feria, anoto también la desfachatez de los porteros de las casetas para los más jóvenes, que se permiten jugar con ellos haciéndolos desfilar de cola en cola para finalmente dejarlos fuera sin más explicación. No entiendo tampoco  la decisión de cerrar el paso peatonal desde la carretera a la portada dejándola así desubicada y sin sentido, obligando a la gente a saltar los obstáculos que cerraban el acceso… Pegas, pegas, pegas, cuando el ciudadano de a pie lo único que busca en feria es un ratito de desconexión.

Con sus luces y sombras, echo el cierre una vez más a esta fiesta de la primavera y del vino fino con la esperanza de poder seguir disfrutándola muchos años más.

sábado, 21 de abril de 2018

Claroscuros

Como tantas veces pasa, la realidad trae noticias que representan lo mejor y lo peor de nuestra especie. En esta ocasión me han llamado la atención dos hechos: el descubrimiento de una enzima y la creación de una aspiradora hecha con piezas de lego, que se maneja por control remoto. Me explico. Unos científicos han desarrollado una enzima que se alimenta de plástico y que puede usarse para combatir uno de los graves problemas de contaminación del mundo. Las ventajas son obvias ya que facilitaría el reciclaje de millones de toneladas de botellas hechas de PET, material que actualmente persiste durante cientos de años. Lo que me llama la atención es que la solución al problema de los plásticos esté en manos de un descubrimiento que los propios científicos han calificado de “accidental”, en lugar de que una legislación internacional acorde con la protección del medioambiente prohíba este tipo de material que, a todas luces, está degradando un bien común. En el caso de la aspiradora, lo singular es que está especialmente diseñada para recoger las piezas de lego que se quedan por el suelo. Sé lo ingenioso que resulta, valoro la generosidad de los inventores que, puesto que aún no va a comercializarse, han dejado en You Tube un tutorial mostrando paso a paso cómo hacerla, pero, como en el caso de la enzima, me sorprende la necesidad de crear tal artefacto. La solución puede ser más fácil: desde el enfoque colectivo, habría que exigir la retirada de materiales no biodegradables; desde el individual, parte del problema se solucionaría si nos educáramos en no dejar tirado lo que usamos, ya sea las piezas de lego en el suelo o las botellas de plástico en las playas. Quiero decir, ¿no nos estamos volviendo un poco locos buscando soluciones estrafalarias cuando todo podría ser más simple? Tanta sofisticación demuestra el ingenio y la capacidad de desarrollo del ser humano, pero también su torpeza e incompetencia para controlar lo que tan imaginativamente ha creado.

sábado, 7 de abril de 2018

En bicicleta y a pie

Leo que el deporte es salud, que en hospitales alemanes y austríacos se han instalado rocódromos, que montar en bici es un ejercicio saludable que puede salvarnos la vida. Sin embargo, en España la bicicleta sigue siendo un deporte de riesgo. El lunes pasado, sin ir más lejos, un amigo que iba al trabajo en este agradable medio de transporte, salió volando cuando un coche se saltó un ceda el paso y lo embistió. El choque pudo costarle la vida, aunque felizmente se saldó “solo” con huesos rotos y múltiples desollones. Y es que en España, los carriles bici son insuficientes, no completan los trayectos, la educación al volante no existe, el ciclista en la calzada es, por definición latina, un estorbo… Necesitamos cambiar mucho para aprovechar las bondades que nuestro clima, aliado de esta práctica deportiva, nos podría brindar. Estos meses de primavera todavía amable, lejos de los excesos del verano, podrían ser ideales para desplazarnos disfrutando de la luz y de las múltiples ventajas de un ejercicio practicado al aire libre. Albert Einstein, por ejemplo, era muy aficionado a la bicicleta. Confesaba que había concebido algunas de sus más influyentes ideas sobre la teoría de la relatividad mientras pedaleaba. Suya es la siguiente cita, extraída de una carta a su hijo: “La vida es como montar en bicicleta: para conservar el equilibrio, debes mantenerte en movimiento”. Me parece un hallazgo. La única forma de no caer es seguir pedaleando, la única forma de conservar el equilibrio, es no parar. No hacemos otra cosa que pedalear y sortear obstáculos, buscar una estabilidad que nos permita avanzar a pesar de. Y en eso estamos, pero así como mantener el equilibrio vital no siempre depende de ti por mucha buena voluntad que pongas, tampoco mantenerlo en la bicicleta es una labor individual, hace falta un apoyo institucional que adapte las infraestructuras para que esto no sea una actividad kamikaze, como hace falta que avancemos de una vez por todas en respetar los derechos del otro. Con bicicleta y sin ella. Ya está bien de atropellos.

sábado, 24 de marzo de 2018

Ética y estética

Las lluvias continuas de estos días me llevaron a pasar uno de los sábados más aburridos que recuerdo en mucho tiempo. Acostumbrados como estamos a vivir en un país de luz, cuando esta falta en las postrimerías del invierno, se produce un cierto desasosiego que solo la salida del sol puede calmar. Ya sé que esta influencia del sol en nuestro cuerpo y ánimo está suficientemente reconocida pero, entre tanta grisura, me dio por reflexionar sobre cómo la luz y el color iluminan y realzan instantáneamente lo que se mira. Hay algo en el ser humano que nos inclina a la belleza. “Si quitaseis de nuestros corazones el amor a lo bello, nos quitaríais el encanto de vivir”, decía Rousseau. No todos somos sensibles de igual manera a esta percepción, como no todos tenemos desarrolladas las mismas inteligencias tampoco, pero creo que con la suficiente dosis de ética y de estética, el ser humano ya merecería ese nombre. Y, sin embargo, se me hace muy evidente que demasiada gente vive al margen de la estética y que muchos de ellos, no se rigen tampoco por ningún tipo de ética. Las sociedades, sus modas y costumbres, están en continua transformación, pero en la formación de una persona siempre debe haber una ética por la que guiarse. Digo esto porque me apena encontrar multitud de declaraciones y comportamientos que no parecen regirse por otra norma que la desconfianza, gente sin ética personal, propensa a creer que el otro tampoco la tiene y que actúa movida únicamente por “sacar tajada”. Y, sin embargo, creo que somos muchos los que tenemos una tendencia bien arraigada a hacer lo correcto. En una interesantísima conversación en la Universidad de Jaén entre el escritor Antonio Muñoz Molina y Antonio Caño Barranco, director de EL PAÍS, se habló del sentido de la integridad. Educados ambos jiennenses en esa rectitud que marcaba que las cosas había que hacerlas bien, incluso aunque no estén bien pagadas, defendían la honestidad como un valor incuestionable. Hoy me gustaría aprovechar este espacio para reivindicar estos valores, integridad, honestidad, pundonor y a todos los que, en un mundo de desmesura, siguen rigiendo su vida con ética.

sábado, 10 de marzo de 2018

Basura

Después de la borrasca de estos días, mucha gente venía alertando sobre la cantidad de basura que estaba dejando el mar al retirarse. Basura que, salvo en los casos en que había sido el propio mar el que la generara al azotar chiringuitos y espigones sin piedad, nosotros mismos habíamos producido. Esto provocó un llamamiento en las redes sociales para que el domingo por la mañana se acercaran voluntarios a la playa de Santa Catalina, en concreto a las Redes, para aprovechar la marea baja y recoger de forma altruista lo que se pudiera. Esta iniciativa, privada, pretendía hacer una batida para evitar que esos pequeños residuos acabaran en el mar. El gesto puede parecer pequeño, ingenuo o interesado, simbólico, no sé, se me ocurren muchos enfoques, pero confieso que nunca se me habría ocurrido adelantar algunos de los comentarios que provocó en las redes sociales. Hubo indignación por entender que la labor correspondía al Ayuntamiento; por considerar que, habiendo tanto paro, habría que pagar a gente sin trabajo para esta labor; por tener que aportar guantes y bolsas de basura, además; por haber elegido Las Redes, por qué no La Puntilla, que “vallan los pijos que son los que mas ban”… y así hasta que, tan descorazonada lectura, acabó dejándome en otro mar, ahora de perplejidad ¿Por qué estamos tan enfadados? Está claro que el acto era un llamamiento para mirar por nuestro entorno, que se hacía de buen rollo, que no discriminaba a nadie, que aclaraba que ojalá acudiera gente suficiente como para abarcar todas las playas, pero que por algún sitio había que empezar... Entonces, ¿por qué polemizar? ¿Es odio social o solo la moda de provocar tan común en las redes sociales? No acabo de entenderlo. Al criticar todo, se corre el peligro de que la acción quede solo en la queja mientras el denunciante se vuelve al sofá a seguir esperando que las cosas se solucionen. No creo que criticar al poder sin más sea un camino, me parece que a veces los gestos también ayudan: señalan el problema, cumplen una labor educativa y concienciadora, se convierten en un símbolo…

Finalmente a Las Redes acudió bastante gente (no sé si pijos) con bolsas de basura propias y ganas de colaborar.


sábado, 24 de febrero de 2018

Alternativas

Tratar de vivir con un pensamiento crítico y educar en él a los hijos propios y ajenos no siempre es fácil. Se observan momentos de decaimiento cuando transitar por un camino diferente a la masa, tiene más baches y piedras sueltas de la cuenta. Se corre el riesgo de parecer obsesionado si se insiste demasiado en cuidar el planeta, comer sano, buscar energías renovables, no contaminar en exceso, no malgastar los recursos naturales, no pasar el tiempo libre tirado en un sofá móvil en mano, escuchar música más allá del reggaetón, seguir un deporte al margen del fútbol, comprar productos del entorno, hacerlo en tiendas de comercio local que no vendan solo productos fabricados en China, defender la igualdad de género…A veces es agotador, y lo es porque la lucha es desigual. Los ayuntamientos dan facilidades a las grandes superficies para que se instalen en sus localidades, las noticias televisivas y los periódicos se centran en el fútbol, los productos que venden en los chinos son infinitamente más baratos, las empresas siguen de espaldas a la conciliación familiar haciendo así que solo haya tiempo para comer cualquier cosa, de cualquier manera, a cualquier hora, los medios siguen enviando mensajes machistas a todas horas… Los jóvenes no quieren sentirse raros. Porque eso es lo que hacemos, inventar términos peyorativos para descalificar y desactivar los comportamientos disidentes. Es el valor de la palabra. Así, estos comportamientos quedan reducidos a conceptos ridículos cuando se habla de madres eco friki, mujeres feminazi, jóvenes perroflauta…Pero, de vez en cuando, surgen iniciativas que, aunque no muy aireadas, van propiciando espacios para el cambio. En el mundo de la tecnología están surgiendo startup sostenibles (dejo el término inglés a posta para revestirlo de actualidad, of course) que tienen como meta proteger el planeta y fomentar la inclusión social. Son iniciativas jóvenes españolas que apuestan por energías renovables, fertilizantes naturales, producción ecológica, uso de materiales que se reintegran en la naturaleza, aplicaciones para personas con discapacidad visual o auditiva, incentivos para usar la bicicleta… A lo mejor estamos a tiempo.