Reliquias ajadas
Nos pasó con el Vaporcito. Le teníamos tanto cariño que, como ya no fue posible mantenerlo a flote, quisimos ofrecerle un lugar visible en tierra firme desde donde saludarlo al pasar. La complejidad administrativa del entramado de competencias en juego, la falta de financiación y la exposición a las inclemencias meteorológicas hicieron que los diferentes proyectos se fueran haciendo cada vez menos viables hasta acabar con el Vaporcito reducido a escombros y relegado a un polígono industrial. El Paseo fluvial del Guadalete ha quedado estupendo, quizás un poco escaso de arbolado, pero se hace visible la ausencia del símbolo colectivo que representaba el barco.
La réplica de la carabela La Niña tiene también una ubicación visible en la Glorieta de las Américas. No fue una réplica más, fue el trabajo de un equipo de artesanos y estudiantes de la Escuela de Náutica bajo la iniciativa del profesor Luis Miguel Coín siguiendo con exactitud las técnicas y características del siglo XV. Se construyó en Barbate basándose en dibujos de marineros de El Puerto, párrafos de documentos escritos y grabados de la época y la observación de las fórmulas tradicionales de construcción de embarcaciones. En 2015, esta nave fue completamente restaurada en su aspecto exterior, pero ahora, once años más tarde, luce un aspecto tan ajado que hasta el nombre de la Glorieta le viene grande.
Sé lo difícil que resulta el mantenimiento de una ciudad, pasa también en nuestras viviendas particulares, que no todo se puede tener siempre a punto. De vez en cuando hay que revisar un tejado, dar una mano de pintura, arreglar una cañería o la fachada. El Puerto de Santa María lleva el mar en su propio nombre, no estaría de más que lo mantuviera también en algunos de estos vestigios del pasado. Cuidar sus símbolos, tradición y cultura hace que el portuense pueda seguir presumiendo de la ciudad de los “cien palacios”, que ya sé que es exagerado y nunca los tuvo, es verdad, pero como mantra quizás ayude a mantener lo que es tan frágil que corre el peligro de venirse abajo.




