sábado, 28 de febrero de 2026
Miradas
Nunca lo había comentado, pero al leer una columna de
Irene Vallejo titulada “Amores flemáticos” he encontrado respaldo a algo que he pensado siempre. Decía el texto: “Podemos enamorarnos de
repente, por los motivos más menudos y nimios, con insensata euforia. El acento
de una voz que nos habla por teléfono, una silueta apenas vislumbrada en la
ventana, la promesa de una prenda de ropa que baila al son del viento en un
tendedero, el sonido de unos pasos en la noche. Nuestra ilusión se aferra a
cualquier brizna de oportunidad, como la hierba tenaz que brota en las grietas
del asfalto“. Siempre he creído en el amor, momentáneo, instantáneo, intrascendente,
pero sin duda amor, que tiene lugar unos instantes escuchando a un apasionado
conferenciante o a un buen músico desde las primeras filas. Saltan chispas en
el cruce de miradas que se encuentran y se apoyan, enganchadas en una
intensidad efímera en la que el entendimiento parece perfecto aunque no se esperen
más consecuencias una vez acabado el acto. Me ha pasado incluso en carnaval ante
alguna chirigota ilegal. Es inevitable que quien emite su mensaje busque apoyo
en un atento interlocutor concreto. Dura solo unos minutos, pero esa entrega en
lo que se habla o canta se focaliza con pasión agradecida hacia quien sabe
escuchar. Estoy convencida de que a Garcilaso de la Vega le pasó algo así
cuando con motivo de la boda de Carlos I conoció a Isabel Freyre, la
destinataria de sus platónicos sonetos amorosos. Parece que nunca hubo entre
ellos otra cosa que miradas, pero fueron
uno de los ejes de su poesía: “Por sol tengo solo vuestra vista/ la cual a
quien no inflama o no conquista/ con su mirar, es de sentido fuera”. “De
aquella vista pura y excelente/ salen espíritus vivos y encendidos/ y siendo
por mis ojos recibidos /me pasan hasta donde el mal se siente”. Bueno, quizás
él exageró un poco al decir eso de “yo soy de lejos inflamado/ de vuestra
ardiente vista, y encendido/ tanto, que en vida me sostengo apenas”, pero me
sirve como alegato a la mirada, comunicación directa, sin filtros, en estos
tiempos de pantallas interpuestas. Después, como dijo otro poeta “fuese y no
hubo nada”. Chispas fugaces que son vida.
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