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lunes, 1 de noviembre de 2021

Actores

Al comprobar el efecto que ha tenido el vídeo “Ateo” de C. Tangana y N. Peluso, tengo la sensación de que la sociedad actual se comporta como los actores de una película mala en la que al argumento se le ven los “mimbres”, cada uno reacciona ante los hechos respondiendo a un maniqueo papel asignado.

Digo esto porque todo parece un montaje destinado a ganar seguidores a toda costa. Cada nuevo vídeo del álbum ha sido estudiado al milímetro para conseguir fascinar, conmover, provocar… El éxito estaba servido. En la promoción de “Ateo”, nada es casual, no hay más que ver las referencias mitológicas a Perseo y Medusa, utilizadas al revés para conectar con el movimiento de “empoderamiento” de la mujer; la elección de la catedral de Toledo por sus sugerentes pinturas; las referencias televisivas con los cameos… Da la sensación de que el único de esta función que ha actuado desde la ingenuidad ha sido el deán de la catedral, quien realmente no vio un problema en la letra ni en la grabación de la canción dentro de la iglesia.

La supuesta provocación viene por mezclar erotismo y elementos religiosos. Realmente la fusión no es novedosa, se suma a una larga tradición en nuestra literatura en la que se ha usado el lenguaje amoroso para hablar de amor divino (San Juan de la Cruz, Sta Teresa de Jesús…) o se ha tirado de vocabulario religioso para el amor humano (La Celestina, Garcilaso…) En cuanto a lo visual tampoco veo el escándalo, ya que para la actual forma de bailar en las pistas, los movimientos de Nathy Peluso resultan casi recatados. Y por lo que respecta a su cacareado desnudo, conviene recordar que aparece pixelado.

La polémica refleja el actual momento de crispación en que nos comportamos como decía al principio como actores representando un papel. El artista provoca porque sabe que las redes reaccionan; la iglesia más retrógrada y carca sale al quite para contentar a sus seguidores más extremistas… La polémica está servida, el éxito asegurado. La campaña publicitaria corre sola gracias al ruido de las redes y la reacción del obispo, haciendo dimitir al deán, no ha hecho más que empeorar la situación. O mejorarla pensarán los productores frotándose las manos.


sábado, 16 de octubre de 2021

David contra Goliat

Escribo al final de una de esas semanas que se estiran como un chicle. Ocio y trabajo de la mano mientras se apura la sensación de verano antes de que el cambio de horario cercene las tardes. El puente del Pilar, con cifras de contagios muy a la baja, ha resultado tentador. Por fin, nos hemos decidido a escapar. Pasar un par de días en Madrid ha sido reconstituyente, una prueba de fuego, un atisbo de vuelta a la normalidad. Inevitable pensar en el puente de Andalucía de 2020, cuando también estuvimos allí en el último viaje antes del confinamiento, con mascarillas que empezaban a asomar igual que nuestro desconcierto. Cuesta volver a confiar, atravesar calles abarrotadas de gente; tomar una cerveza de interior rodeados de grupos que hablan, beben, ríen; compartir brazo de butaca con un desconocido en teatros sin reducción de aforo; hacer planes; visitar una exposición en El Matadero; disfrutar en el Mercado de motores con las propuestas ecológicas, naturales y sostenibles. Hablamos allí con los productores. Nos encantó el encuentro con una de las 5 mujeres detrás de Muuhlloa, el laboratorio gallego de cosmética que apuesta por una red de empresas apoyadas en la materia prima y las factorías del entorno. Imposible no compartir su pasión, su valentía, su filosofía de vida. Admirable la fortaleza con la que buscaron alternativas cuando Fenosa les dijo que no les llevaban la electricidad si no se iban a un polígono. ¿A un polígono? Trataban de luchar contra la España abandonada, de apostar por los negocios de cercanía. ¡Con qué ilusión nos mostraba las fotografías de la preciosa granja sumergida en el paisaje gallego!

De vuelta a casa, el optimismo nos acompaña con cifras de contagios cada vez más bajas (¿servirán para callar a los negacionistas?). Respaldados por ellas, nos sumaremos a las propuestas locales. Hoy sábado, comida solidaria de Amal Esperanza en el patio del Matadero viejo; mañana domingo, Marcha Rosa en Los Toruños y Mercado artesano y agroalimentario de productores de la comarca. Todas ellas apuestas valientes, idealistas, de anónimos David contra monstruosos Goliat. Feliz disfrute arropados por la preciosa y cálida luz de otoño.

sábado, 2 de octubre de 2021

Sin contención

 

Animales de costumbres. He oído muchas veces esta expresión, aunque no siempre he tenido conciencia de hasta qué punto es cierta. La rutina hace más fácil el trabajo, el ejercicio físico, el estudio. Hasta aquí todo bien, lo que no esperaba es que la repetición de rutinas, la ausencia de estímulos consiguieran también dejar de lado lo que apasiona y conmueve. Hemos estado año y medio aletargados, nos acostumbramos a una vida de bocas tapadas en la que, si no se asumían riesgos, se podía acabar aislado, alejado del contacto físico, un flotar sin más. Hemos acallado miedos y deseos. De golpe nos desprendimos de la calle y los encuentros, de los viajes, de la diversión de hacer planes. Cuando se volvió a entreabrir la puerta, asumimos que la espontaneidad estaba descartada, que se podían hacer poquitas cosas y estas bajo control extremo. Aprendimos a reservar para todo, a contar cuánta gente había en una tienda antes de entrar, a hacer colas en la acera, incluso a pleno sol. Nos acostumbramos a prescindir del tacto, a huir de las muchedumbres, a salir poco.

Ahora se empieza a hablar de normalidad, de acabar con los límites de aforos y horarios. Cuesta creérselo. El hábito ha hecho mella y sigue hablando de prudencia, de contención de “y si...”. El mismo acto de quitarnos la mascarilla en algunos ambientes nos vuelve a dejar desnudos, probablemente ya no somos los de antes. Se ha perdido tanto...

La noche del miércoles estuvimos en el centro en una Jam session. Confieso que me lo pensé un poco antes de ir a un local cerrado, y encima entre semana. Pero estar entre amigos bebiendo una cerveza y escuchando buena música fue tan novedoso, nos trajo una alegría tan inesperada, que casi no nos atrevimos a creer en ella. Se abre un claro, puede que sea solo un paréntesis, quién sabe, pero la música trajo la esperanza, el deseo vivo después de tanto letargo, las ganas de tirar abajo la puerta de tanta contención.