miércoles, 22 de abril de 2026

`Dudas

 

Me defiendo a todas horas. De los bulos, de la manipulación, de la publicidad, de los “tienes que”, “nunca hagas” o “sabías que”. Es agotador. Ya éramos plastilina en manos de publicistas volcados en convencernos de todo lo que necesitábamos, cuando aparecieron los “influencers” y “creadores de contenido” para asustarnos con todo lo que hacemos mal y empezaron a ofrecer productos caseros milagrosos para arreglarnos la vida. Allí donde haya un temor, una inseguridad, un complejo, habrá una caterva de listos preparados para monetizar nuestro miedo y crear alarma.

 Puestos a que me convenzan, la verdad es que prefiero la otra publicidad, esmerada y estudiada que, al menos, intenta convencer con cierto estilo, pero esta grosería burda capaz de decir sin pestañear que tengamos cuidado con el agua del grifo porque altera las hormonas y predispone a la homosexualidad (parece que “el agua afecta al eje hormonal y por eso en las grandes ciudades hay un auge de personas LGTB”), o que tomar el sol ayuda a que cuelgue menos la piel de los brazos o que la leche de avena puede estar detrás de los paros cardíacos… Basta con dejar un segundo, por distracción, la vista en una historia de Instagram, sobre la caída de pelo, por ejemplo, para que aparezca un tropel de incautos ofreciendo remedios baratos contra la alopecia. Algunas de estas cuentas no son tan zafias, claro, inventan estudios y desarrollan complejas explicaciones que las hacen más creíbles. Ya no sabemos si es peor comer pan de trigo con todo su gluten o salmón de piscifactoría con toda su grasa y “metales pesados, sustancias químicas tóxicas, microplásticos, antibióticos, piojos e incluso formaldehído”.

Me gustaría saber cómo se defendería ahora el mismísimo Descartes con su duda metódica para descubrir la verdad ante tanto estudio falso, noticia falsa, foto falsa. No sé si estamos perdidos todavía, pero desconfiar de la ciencia a favor de la fe en cualquier remedio disparatado produce bastante desconcierto. Nadie que se asome a las redes está libre de un momento de débil credulidad. Como dejó escrito J. César, «Fere libenter homines, id quod volunt, credunt» (Los hombres creen gustosamente aquello que desean).