Los findes de cuaresma en Andalucía son un aperitivo de la Semana Santa. Actos cofrades, presentación de carteles, olor a incienso, torrijas. Todo cabe en las calles de El Puerto, como en las de Jerez o las de Sevilla. Es posible salir en bicicleta, disfrutar de los esteros revestidos de primavera, a reventar de flores y aves; volver a casa atravesando el centro y parar la bici para dejar pasar un ensayo procesional. En Jerez, hace ya varios sábados que, todavía de carnavales en Cádiz, con las entradas para un espectáculo flamenco en el bolsillo, nos cruzamos con el pasacalles de la estupenda banda de Las Cigarreras. El centro de Sevilla hace unos días era un hervidero de turistas, ya en chanclas, brazos al aire y móvil inquieto, que se mezclaba con los cofrades que hacían sus últimas compras, incienso, capirotes a medida, trajes de chaqueta…, al tiempo que los feriantes adelantaban las suyas. Trajes de gitana, flores, pendientes, mantoncillos… Una explosión de colores, olores y música. Cada loco con su tema sí, pero qué gusto la variedad, qué lujo poder elegir, pasear disfrutando de la preciosa Sevilla en primavera, tropezar con la Agrupación musical de la Encarnación de concierto por las calles y luego, gratis, en el precioso patio del Círculo mercantil de Sierpes. No entiendo a los detractores como no entiendo a los seguidores fanáticos y exclusivistas. Me encanta este cruce de expresiones culturales que permite la embriaguez de los cinco sentidos ante tanta oferta. Morado de penitencia, rojo buganvilla, incienso de vainilla, azahar, torrijas, fino, tambores y trompetas, “En las tinieblas de mis dudas”, sevillanas, pitos de carnaval, castañuelas… Bienvenidas sean todas las celebraciones que dan vida a la vida, que hacen que nos agarremos a ella y nos olvidemos a ratos de lo que va mal. No veo la necesidad de elegir entre estas fiestas sensoriales. Cada uno que crea en lo que quiera y en las calles respeto, por favor, mucho respeto, que hay sitio para todo.






