sábado, 23 de diciembre de 2023

Refugios

 

Empecé a escribir esta columna y la dejé. Estaba un poco apagada, apabullada por estos días que tienen bastante de exceso, por encima incluso del exceso que acarrean normalmente estas fechas. El preludio de la Navidad empieza a sonar demasiado pronto, llego extenuada, desgastada en los previos. Publicidad, compras, comidas de empresas por todas partes, aglomeraciones, promesas en forma de lotería... Demasiados estímulos. Exceso de luz, de guirnaldas, de rojo y dorado en cada esquina. Me aturde un poco esta forma externa de festejar, me distancio y me veo a mí misma un poco rara, arisca incluso por no compartir el entusiasmo de quienes se desplazan, por ejemplo, para ver la iluminación navideña con la que nos regalan los ayuntamientos, desbocados en una competición de quién ilumina más y mejor.

Pero hoy hace un día tan limpio y luminoso que me recoloco sabiendo que hay una manera personal de vivir las fiestas. Me sitúo y conforto pensando en ella, a pesar de lo difícil que es a veces refugiarse del ruido externo, de las noticias dolorosas de un mundo cruel. Así que he retomado el texto, la última columna del año, y la he desviado del mensaje cenizo que contenía para acabar con este otro que espero que llegue cargado con todos mis deseos de paz y esperanza para el futuro. Es verdad que el mundo no va tan bien como desearíamos, pero también lo es que en nuestro entorno, podemos tener un reducto donde sentirnos felices y a salvo. Ojalá podamos ampliar ese refugio y gozar plenamente de él.

domingo, 10 de diciembre de 2023

Necedades

 

Si tuviéramos tiempo, si nos apeteciera, si nos paráramos un poco a reflexionar, si quisiéramos buscar un mundo más coherente, si de verdad creyéramos en el amor (y nombro este sentimiento a las puertas de la época más sensiblera del año), nos daríamos cuenta de que últimamente el consumismo y las mentiras son los dos grandes males que dominan el mundo. Y están relacionados, claro.

La tentación de manipular en lugar de persuadir no es nueva, pero ahora el relato que presente unos valores con la intención de persuadir está siendo sustituido por la manipulación, la difusión de falsedades y mentiras por la sencilla razón de que nunca fue tan fácil. La tendencia a sustituir la información por el titular o el mini-video, que deja fuera cualquier posibilidad de profundización, sumado a los círculos cerrados de las redes sociales que repelen cualquier pensamiento divergente o crítico con el propio, más el manejo de estas mismas redes para crear contenido falso que más tarde nadie se preocupará por aclarar, conforman un “cocktail” peligroso. Y se usa no solo en política, sino también con fines comerciales, lo que nos lleva al segundo mal, el consumismo exacerbado.

Mientras los científicos advierten de las terribles consecuencias del cambio climático para nuestra supervivencia como especie, las grandes empresas buscan la manera de blanquear ese consumo, así que en paralelo a las agresivas campañas publicitarias (black friday, navidad, rebajas…) utilizan la ecología como un reclamo que no tiene otra finalidad que acallar la conciencia del consumidor. Contenedores de ropa usada en las tiendas que luego acaba en contaminantes basureros del tercer mundo; bolsas de plástico aparentemente biodegradables que no garantizan su degradación; comida “para llevar” en recipientes de cartón no reciclables puesto que, para que el cartón no se empape, está recubierto de una película de plástico… Es el ecoblanqueo, una nueva mentira que nos impide enfrentarnos a la realidad de la crisis medioambiental en la que ya estamos inmersos.

No sé si saldremos de esta, mi confianza en la educación y la ciencia se tambalea a veces, pero ¿y si ponemos de moda la búsqueda de la verdad y la coherencia?

sábado, 25 de noviembre de 2023

¡Qué alarmantes resultan los datos y noticias relacionados con el uso de móviles entre adolescentes! Sin embargo, sigue bajando la edad a la que los reciben. La ley marca que se deben tener al menos 16 años para registrarse en Whatsapp y 13 para Instagram, pero la realidad es otra. El regalo más esperado en Navidad y Primera Comunión es el dichoso móvil y, con él, la entrada con perfiles falsos en una u otra red social.

Esta mañana ha saltado, por ejemplo, la noticia de dos grupos de Whatsapp con mensajes de contenido pornográfico, machista, racista, homófobo y franquista, a los que están siendo invitados cientos de adolescentes de Secundaria de varios centros escolares. En uno de ellos hay más de mil menores. Los grupos, creados con los nombres "meter gente hasta que nos hagamos famosos" y "hasta llegar al millón", en los que se colgaban fotografías pornográficas y mensajes "totalmente inapropiados, insultantes, sexistas y vejatorios parecen estar gestionado por adultos no vinculados al centro.

Estos días hemos tenido en el instituto el Plan director, unas charlas ofrecidas por la Policía Nacional para la ESO con la finalidad de advertir, entre otras cosas, del peligro del mal uso de internet, las consecuencias del acoso y ciberacoso... Es sorprendente el número de adolescentes que afirmó tener varias cuentas diferentes en Instagram (hay quien confesaba 5 ó 6) y el de quienes aseguraron haber tenido problemas tras cortar con la pareja a la que habían mandado una foto de contenido íntimo (esto último antes de cumplir los 14).

Internet es alucinante, una herramienta social, de estudio, de trabajo y de ocio infinita, pero peligrosa. No podemos dejar que se enfrenten a ella solos nuestros peques, igual que no los dejaríamos adentrarse de noche a solas en un barrio chungo de una ciudad grande y desconocida. Necesitan conocer los peligros para no quedar atrapados, para no dejarse sorprender por quienes acechan en las sombras. Como advertía Manuel Vicent “ningún bosque medieval puede compararse a la intrincada selva de Internet. En ella está toda la magia de la inteligencia humana y también su más sucia perversión.”

Habrá que enseñarles a protegerse del lobo.


 

sábado, 11 de noviembre de 2023

A salvo

 Una de las cosas que me gustan del fin de semana es que, mientras desayuno, en la tele a veces me encuentro programas que no descubriría en otro momento, volcada en algo más “urgente” que hacer. Una charla de la UNED, una entrevista de interés o, como este sábado, el programa Volando voy, de Jesús Calleja, dedicado a Las Alpujarras. La simpatía cercana del presentador sin la molesta condescendencia habitual de otros programas cuando entrevistan a personajes de pueblo, ancianos y niños, consigue sacar a la luz la verdad de personajes anónimos que encierran una sabiduría popular y personal, una manera especial de enfrentar la vida que sana con solo ser oída… Me fascinó la manera de dar protagonismo y confianza a personajes que se detenían a explicar por qué habían elegido aquel lugar para establecerse y cómo habían sido acogidos por aquellas gentes de campo que ya vivían allí. Lugareños, alemanes, australianos, uruguayos, madrileños… comparten cualidades como la tolerancia, el respeto, la alegría, la pasión por vivir la calle y un enfoque vital de cara a la naturaleza... “Esto es un paraíso”, afirma un uruguayo enamorado del cine de Almodóvar porque no tiene villanos, solo gente que a veces acierta y a veces se equivoca. La fuerza y pasión de una chica sin edad ni raíces que se alía con la sabiduría popular de un señor mayor que confía en un futuro que devuelva la vitalidad a una zona en la que falta gente joven. Un profesor de Historia medieval de Granada enamorado de la zona que explica que la mayor herencia que tenemos del paso de la cultura islámica por estas tierras no es La Alhambra sino los paisajes, la manera en que se fueron transformando por la mano del hombre. Terrenos allanados en terrazas para vivir, entornos verdes gracias a soluciones basadas en la naturaleza como las acequias, un tesoro patrimonial ecológico no invasivo que distribuye el agua de Sierra Nevada, y de las que afirma que se pueden rastrear en la zona más de 15.000 km. Y un proyecto fabuloso, recuperar de manera colaborativa una acequia de 3 km, ahora anegada y obstruida, para que vuelva a cumplir su misión.

Refugio y autenticidad que permite atisbar una esperanza para el mundo.

miércoles, 11 de octubre de 2023

Imperturbables

 

Vivimos una época rara, o tal vez todas lo son, pero esta se televisa. Llevamos demasiados años ya desayunando con imágenes terroríficas de bombardeos, guerras, catástrofes naturales o provocadas emitidas en directo. No sé si esta sobreexposición nos ha hecho duros, impermeables ¿Indiferentes? Lo cierto es que, ahora que la profesión de periodista ha perdido prestigio, cada móvil es capaz de convertirse en un reportero freelance deseoso de retransmitir una posible noticia que salga al paso. La tecnología ha dado un paso más y ha ofrecido la IA para manipular imágenes. Así que además de inventar noticias, ahora se ilustran. Vídeos, fotos... casi indistinguibles de la realidad. Aunque ya nada nos asombre, repugna ver a nuestras generaciones más jóvenes tan adaptadas a esta manipulación como para usarla sin ninguna ética. El reciente escándalo de las fotos de niñas desnudadas por sus compañeros gracias a una app, se redimensiona cuando nos enteramos de que los responsables intentaron además extorsionarlas con ellas.

Es más reciente aún la noticia de la llegada de una patera con 28 inmigrantes, uno de ellos fallecido en el trayecto, a la playa de Las Redes de El Puerto. Acababa de terminar la temporada alta de turismo y estaba casi recién empezada la escolar. Calor de verano, marea baja. El vídeo del desembarco resulta casi irreal. La nave se acerca mientras un caminante pasea por la orilla a ritmo constante, rutinario. La barca llega a la costa, vomita personas mientras el paseante no cambia su rumbo. Se le ve atravesar el grupo de recién llegados como si no los viera hasta hacerse indistinguible. Comenté el hecho en clase de 1º de ESO, 11 y 12 años, les hablé de cuánto me extrañó el comportamiento imperturbable del aquel señor ¿Cómo habríamos reaccionado nosotros? Alguien dijo que habría pedido ayuda, claro, pero otro, sin dudarlo, afirmó: “yo me quedaría con el barco”.

Aparece en nuestro lugar de ocio una tragedia humana de dimensión universal; desembarcan de la mano el miedo, la esperanza y el dolor. Es real, lo sabemos. No detenemos el paso. Mañana la cubrirá la marea de otras imágenes novedosas o manipuladas. Y seguiremos insensibles, imperturbables.

sábado, 30 de septiembre de 2023

Sin recambio

 En nuestro verano de desarreglos hemos tenido que hacer frente a las averías de 2 coches (más un tercero prestado para poder movernos), una placa solar, un centro de planchado, una aspiradora, un grifo, una lámpara, una depuradora… Vale, tampoco quiero aburrir, suelen tener lugar estas rachas. Lo que me molesta es que en casi cada caso la solución es la de sustituir. Comprar un nuevo aparato y desechar el viejo. Y es aquí donde me rebelo. Sobre todo porque ya todos sabemos que el nuevo (caro, eso sí) no va a durar ni a funcionar igual de bien que el viejo. Se pueden obtener garantías de muchos años que cubren por ejemplo el motor de una lavadora, pero porque los fabricantes saben que lo que va a fallar no es precisamente el motor, sino la placa electrónica o cualquier carcasa de plástico que incorpore.

A mí no me gusta planchar. Tenía una plancha de vapor básica. Pero cuando mi padre murió, me traje su centro de planchado del que estaba tan orgulloso. Cada vez que lo usaba pensaba en él, como si echáramos un rato juntos. Así que intentaba esmerarme más mientras me acordaba de lo cuidadoso que era para la ropa, del mimo que ponía en el planchado de sus camisas. No tenía mucho tiempo ni mucho uso esta plancha heredada. Era de buena marca. De hecho, no sé estropeó, sino que la carcasa de plástico empezó a perder agua y no tenía repuesto. Descatalogada y a la basura.

El coche que ha estado dos meses pendiente de arreglo (de nuevo caro, por supuesto) estaba a la espera de una pieza pequeña de solo 28 euros, pero el almacén no la tenía porque aquí ya no se fabrica casi nada.

Estamos haciendo un mundo absurdo y globalizado en el que nos paralizamos porque dependemos del envío de algo fabricado a miles de kilómetros. Desechamos electrodomésticos porque se les ha roto una pestañita de plástico, generamos basura electrónica que mandaremos al otro lado del mundo para que contamine lo más lejos posible… Los datos hablan de unos 50 millones de toneladas de basura electrónica anual. No puedo llamar progreso a esto.

En este sábado de casi octubre con un desolador calor de verano (sin el casi) me enfada que no sepamos poner remedio a tanto disparate.

Y no quiero una plancha nueva.

viernes, 15 de septiembre de 2023

Encajar

Nunca pensé que sería capaz, pero he hecho en poco tiempo un puzzle de 2000 piezas pequeñas. Con la colaboración puntual y preciosa de mi hijo, que sentía la misma satisfacción por encajar. Y al hacerlo, he descubierto en mi entorno mucha gente y muy variada que me ha confesado compartir la misma pasión, a veces cercana a la obsesión. He estado reflexionando sobre por qué puede ser tan importante algo tan nimio como encontrar una pieza precisa, comprobar que entra perfecta en el hueco, que coincide en forma y color con las que la rodean... y creo que es porque viene a satisfacer la necesidad humana de arreglar, de componer, de hacer que algo funcione. Es un balance. Incapaces de controlar lo que nos envuelve, abocados a un estilo de vida donde tantas cosas no funcionan, no dependen de nuestro esfuerzo o directamente nos superan, el hecho de concentrar la mente a cambio de un éxito seguro es liberador. Como lo es ordenar un armario, organizar un álbum de fotos o tirar trastos viejos a la basura.
Vivir es tener problemas, equilibrar los logros con las frustraciones grandes y pequeñas, lo insignificante con el drama. Hay un aprendizaje en este aprender a relativizar, prestar atención a lo que de verdad importa y no dejar que lo demás arruine ni un solo día. Dar tratamiento de contratiempo, sin más, a lo que no merece otra cosa y saber empatizar con el sufrimiento. No siempre es fácil. Alguien cercano muere, una amiga se queda embarazada, otra aprueba unas oposiciones o pierde un avión, un coche se estropea, se pierde el trabajo, gana nuestro equipo favorito... Pero la aspiración a llevarlo todo bajo control, desear que no pase nada, no es vivir. No es posible quedarse quieto, refugiarse de los riesgos o aislarse para no sufrir.
“Pero ¿Qué va a ser de mí cuando se abra la compuerta del molino y la vida me precipite otra vez a los remolinos de este río que nos lleva? “, escribía José Luis Sampedro en su novela “El río que nos lleva”. Adaptarse, sobrevivir, relativizar. No queda otra. Y para gestionar los pequeños contratiempos, si les vale mi consejo, cómprense un buen puzzle. Mientras tanto, disfrutemos septiembre.